• Filipinas,  Singapur

    Un túnel de lavado para tiburones

    Una de las gracias que tiene que Singapur es que se puede viajar a destinos muy exóticos por poco dinero. Hay muchas compañías low cost y cualquier fin de semana se puede ir a remotas islas en Filipinas, templos que quitan el hipo en Indonesia, playas de ensueño en Tailandia y un sinfín de destinos que desde España parecen inalcanzables. Es verdad que con las compañías aéreas low cost pasa lo mismo que allí. Anuncian un billete por 30 euros ida y vuelta pero eso solo lo consigues si viajas un miércoles a las 11 de la mañana y vuelves el jueves a las 3 de la madrugada o inventos similares. Pero bueno, si comparas lo que cuesta ir a Bali desde Barcelona o desde Singapur te da la risa.

    Total, que con esos ánimos de explorar el sudeste asiático todo lo que sea posible, un fin de semana + 1 (es decir cogiendo fiesta el viernes), encaminé mis pasos hacia Malapascua, una islita en la zona de Cebú en Filipinas. Para mi es el país con más encanto de toda la zona. Mar maravilloso, gente encantadora, comida buena sin mucho picante (eso va a gustos, claro) y millones de sitios por explorar con poco turismo, exceptuando la capital Manila, que es un p… caos!  Lo del poco turismo se entiende porque para llegar a cualquier sitio cuesta mucho trabajo y esfuerzo (que no dinero). Hay que coger un vuelo, hacer millones de horas en furgoneta, coger un bus, un ferry, una barquita y al final seguramente un carro tirado por burros. El país tiene pocas zonas y pocos servicios desarrollados para el turismo, lo que en mi opinión es una ventaja, pero que a veces hace que no puedas ir por falta de tiempo. No se puede planificar un viaje a Filipinas al milímetro, siempre falla algo.

    Pues para llegar a Malapascua primero cogimos vuelo a Cebú (unos 200 dólares de Singapore o sea unos 140 euros por unas 2,5 horas de vuelo), en el aeropuerto nos esperaba una furgoneta con la que recorrimos media isla de Cebú durante casi 4 horas hasta llegar a una especie de puerto, por llamarle de alguna manera. El viaje fue muy interesante, por lo menos lo poco que vi cuando conseguía quitarme las manos de la cara. Al grito de “vamos a morir, vamos a morir”, el camino se hizo corto.

    Podría hacer un spin-post de cómo driblar motos, bicicletas, personas, carromatos, agujeros en la calzada, postes de electricidad y otros objetos a 1.000 por hora conduciendo con una mano y cambiando la música de la radio con la otra, mientras 9 pasajeros con cara de pánico tratan de asirse a los asientos a la vez que mandan mensajes de socorro y despedida a sus familiares más cercanos, rezan o insultan al conductor en sus respectivas lenguas. Toda una experiencia.

    Una vez llegamos al agua, manteniendo la compostura y la vida del conductor, nos subimos a una barcaza que nos llevo a Malapascua en aproximadamente 2 horas. Menos mal que era de día y no llovía (como a la vuelta), porque el techo era una especie de sabana llena de agujeros. Pero en cuanto se pudo divisar Malapascua al fondo, todo se olvida. Un pequeño puntito verde se convierte en una isla casi deshabitada con pequeños hoteles que son como cabañas rodeados de agua turquesa y arena blanca.

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    Imagen Esta es Malapascua

    Cuenta la historia que la isla se llama así porque Magallanes y sus amigachos la encontraron durante una fuerte tormenta durante la celebración de la Pascua. O sea que como se estaban quedando ya sin imaginación para nombrar las islas (Filipinas tiene más de 7.000 islas) pues se quedó con Malapascua. Debe ser interesante darse una vuelta por las islas más pequeñas y desconocidas de Filipinas. Seguro que hay alguna que se llama Vela Sucia, Mar Revuelto, Nomequedaropalimpia, Sopa Fría, Marinero Ronca, Cuerda Floja, Ancla Oxidada, Cagoenlamarsalada o Catarro Persistente. Pero sin investigar demasiado y mirando un poco google earth (me puedo pasar horas en ese programa!) encontramos nombres como islas refugio, isla naranjo y ciudades llamadas Padre Garcia, Perez o General Mac Arthur. Literal. Mi teoría patillera tiene fundamento!

    Otra de las características de Malapascua es que es el único lugar del mundo donde se puede bucear a 30 metros (o sea para gente normal) con unos tiburones que se llaman Thresher. Su característica es que tienen una cola larga como su cuerpo en forma de trilladora (traducción de google). Para entenderlo mira la foto. Se supone que se alimentan de pescado y de alguno pájaro, pero hay varios casos de pescadores y buceadores decapitados por un golpe de cola…

    Los tiburones en cuestión

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    Pero como yo de momento mantengo intacto mi entusiasmo por el buceo, nada más poner pie en Malapascua me fui a un centro de buceo, no me comí mucho la cabeza, y sin pensarlo en exceso, firme los papeles esos que dicen que no se hacen responsables de tu muerte. Ole, ole, ya podía gritar otra vez “vamos a moriiiirrr!”. Esto del buceo es una fuente de peligro inagotable. Era mi quinta inmersión y la primera a más de 18 metros, y el del centro me miraba con cara atónita. Pero oye, nunca sabes cuándo vas a volver a Malapascua, así que hay que aprovechar.

    La inmersión era a las 5 de la mañana, encuentro a las 4.15 en el centro de buceo. O sea que mis compañeros de viaje, que no firmaron nada, se dedicaron a beber cerveza local mientras yo me estudiaba el libro para poder bajar a 30 metros de profundidad. En Malapascua este tipo de tiburones viven a mucha profundidad, pero a las 5 de la mañana ascienden hasta los 30 metros para que unos pececillo muy simpáticos les limpien el cuerpo, y de paso se comen a alguno que otro. De ahí el título de este post.

    Pues allí estaba yo a las 4 de la mañana muerta de miedo y enviando mensajes de despedida a mi madre enfundada en un traje de neopreno de cuerpo entero porque llovía y hacia un frio del carallo. Ala, a la barca y al agua. Dicen que cuando bajas a 30 metros te puede entrar una sensación similar a una borrachera y empezar a hacer cosas raras y perder la sensación de inseguridad. O sea, lo que me faltaba. La primera vez buceando entre tiburones borracha y pensando que soy la reina del mambo.  

    Fue increíble. De rodillas a 30 metros en el fondo del mar, solo 4 personas,  viendo pasar a mi alrededor en un espacio de media hora a 8 tiburones, uno de ellos de casi 6 metros. Parece ser que les gustan las burbujas de los buzos. Y de regalo dos mantas. Alucinante. Estaba tan ensimismada que casi me quedo allí a vivir. Tuve suerte. Mi monitora me dijo que normalmente veían 1 o 2 tiburones por inmersión, pero ese día fueron 8! Majestuosos, elegantes, amenazadores… Ai, pena que el oxigeno de las bombonas dure tan poco y haya que volver a subir a la superficie.

    Esa ha sido, hasta ahora, mi aventura con los tiburones. No hay testimonio grafico porque en mi inmensa lerdez tecnológica, me lleve una cámara acuática de esas de usar y tirar. Claramente especifica que solo pueden descender a 10 metros. Pero yo pensé, que puede pasar, ¿que explote? Pues otro peligro pal bote. Pero no explotó con lo cual pensé que habría salido algo. Casi me pongo a llorar cuando fui a recoger el revelado, todo negro. En fin, lo llevo grabado en la memoria.Pero esta foto es bastante similar a lo que viví.

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    Y el resto del fin de semana me lo pasé bebiendo cerveza (cuando llegas te ponen una pulserita para que vayas pidiendo sin pagar, peligroso, peligroso…) y visitando la isla por tierra y por mar. También fuimos a un guateque local organizado dentro de una pista de baloncesto destartalada. Para llegar allí nos subimos cual locos en la parte de atrás de unos moteros locales que nos llevaron a toda velocidad por caminos de cabras y a oscuras.

    La fiesta

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    Ahora ya lo puedo decir, he sobrevivido a Malapascua!

    En el ferry a Malapascua

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  • Filipinas,  Singapur

    Palawan, la última frontera

    Llega Chinese New Year (más o menos en marzo), todo el mundo se vuelve loco en Singapur y en general en Asia. Todo está decorado de rojo y hay muchas piñas colgando por todas partes (porque su nombre en chino significa más o menos buenos augurios), hay cientos de personas por la calle, por Chinatown no se puede ni pasar… ¿Qué hacer? Pues largarse de Singapur. ¿Dónde? Hummmm, eso ya es más complicado porque hay multitud de destinos. Pero si te ofrecen una escapada a la última frontera no te puedes negar!
    Y así es como llaman a la isla de Palawan en Filipinas: la última frontera. Filipinas tiene más de 7.000 islas y Palawan es una de las más grandes y las que hace frontera con el Mar del Sur de China en el oeste del país. Sigue siendo una isla poco explotada por el turismo en comparación con otros destinos en Filipinas como Cebú o Boracay (que empieza a parecerse a Benidorm aunque sigue siendo una de las playas más bonitas del mundo según los rankings internacionales…).

    Para llegar a Palawan hay que volar al aeropuerto de Puerto Princesa, en medio de la isla y de allí moverte con los más variados transportes. Intentar evitar Zest Air que siempre se retrasan o anulan con lo cual pierdes el resto de conexiones. El destino era El Nido, la punta norte de la isla, pero como por Chinese New Year todo está abarrotado en el sudeste asiático, no había habitación hasta dos días después de la llegada y había que buscarse la vida por el camino. ¿Qué mejores vacaciones que una isla por explorar?
    Al llegar a Puerto Princesa hay que tener una voluntad de hierro para no tirarte al cuello de alguno de los cientos de vendedores de transportes, hoteles, excursiones, etc., que te avasallan nada mas coger tu mochila. Sin prisa, pero sin pausa, hay que salir al exterior de la terminal (por llamarla de alguna manera que todos entendamos..) y procurarte un transporte. Hay furgonetas privadas que te llevan a El Nido (a unas 6 horas) o a cualquier parte de la isla. Hay que conseguir compañeros porque entonces sale más barato. Hasta El Nido son unos 14.000 pesos por furgoneta (unos 260 euros) y caben hasta 10 personas. Pero claro si coges el transporte público son unos 500 pesos por persona (unos 10 euros). Yo recomiendo el transporte público y no solo por el ahorro, sino por lo mucho que te ríes y haces que se rían los locales mirándote. Hay dos variantes: los autobuses de San Isidro que son un poco guaguas y que están hecho para tamaño asiático con lo cual no te cabe el culo en el asiento, que no tienen aire acondicionado y cuando están llenos la gente va agarrada con el cuerpo por fuera. La segunda opción son los autobuses Ro-Ro que se asemejan bastante a un bus occidental. En Puerto Princesa hay que ir al New Market en San José y desde allí salen los autobuses hacia toda la isla. Del aeropuerto al New Market lo mejor es coger un moto taxi que lleva hasta a 3 personas y cuesta unos 50 pesos (1 euro).

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    Primera noche en Nitivos, pero ni os lo explico porque no hay nada que ver, aunque preveo que dentro de unos años se convertirá en un destino de playa y calma chicha.
    De allí hacia Honda Bay con un San Isidro que para en medio de la carretera. Cuesta 60 pesos cuando la furgoneta pedía 3.000… El bus te deja también en medio de la carretera y hay que andar como un kilometro para llegar al pequeño puerto de donde salen los barcos. El camino está jalonado (anda, mira que bien me viene esta palabra aquí) de pequeñas tiendas donde alquilan gafas y tubos para bucear por unos 100 pesos. No son nuevas y no lo parecen, o sea que mejor llevarse las propias de casa.
    Al llegar hay un inmenso cartel con la oferta de las islas y los precios. A partir de 5 personas sale bien coger un barco propio, sino lo mejor es buscar compañeros para compartir gastos. Ir a 4 islas cuesta unos 345 pesos por persona y luego en cada isla se paga una entrada para su conservación (ejem…) de entre 50 y 125 pesos.

     

    Así anuncian tu barco.

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    Indefectiblemente todos los barcos paran primero en una isla que se llama tortuga no se sabe muy bien porque, que sirve para probar si la gente sabe nadar y bucear. Esto me lo he inventado yo, pero es que no le encuentro otro sentido. Te obligan a ponerte chaleco salvavidas para nadar unos 100 metros con lo cual todos parecemos gambas flotantes y además el agua es turbia como un vaso de cola cao. Se supone que hay peces en algún sitio, pero ni se les ve ni se les espera. Vamos, que recomiendo quedarse en el barco tostándose al sol.
    Y a partir de ahí vas yendo de isla en isla: mar turquesa, agua templada, zona de bañistas apestada de asiáticos que no saben nadar, van con chaleco salvavidas y te joden las fotos, pescado cocinado a la plancha delante de ti por 4 duros, playas desiertas…y sol, mucho sol.

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    Antes de llegar a El Nido parada en Roxas, la segunda ciudad de Palawan, con un puerto importante y un sitio recomendable. La estación de bus está en la calle Burgos, con lo cual ya te sientes como en casa.

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    En Filipinas muy poca gente habla o entiende el español, pero si han quedado en su idioma muchas palabras importadas. Los números se dicen igual, los zapatos, los utensilios de comer, etc. En el mar, frente a Roxas, hay una isla llamada Modessa (antes llamada Coco Loco), donde hay un eco-resort con pocas habitaciones y muy bien de precio en una islita idílica. Solo se puede llegar con el barco del propio resort. Una habitación doble simple sale por unos 1.500 pesos. También se puede ir a pasar el día, pero hay que salir temprano porque se vuelve antes de que se ponga el sol.
    En Roxas vale la pena ir a ver el mercado y darse un chapuzón en la playa que está pegada a la “ciudad”. Allí descubriréis el apasionante mundo de los cangrejos. Os lo digo por experiencia…

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    También vale la pena ir a alguno de los bares que están en la costa y tomar algo mirando al infinito!

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    Al día siguiente de camino a El Nido. No dio tiempo de ir al rio subterráneo que está al lado de Puerto Princesa. Es una de las 7 nuevas maravillas del mundo, pero nadie lo quiso recomendar…
    En El Nido hay que intentar ir a los hoteles, alojamientos que hay justo delante de la playa, y mirando al mar, los que están a la derecha, porque al otro lado están todos los bares, y aunque es un pueblo tranquilo, como te pille una fiesta debajo de casa, no pegas ojo en toda la noche. Es recomendable reservar con tiempo. Hay habitaciones de todos los precios. Aunque en las islas que hay cerca de El Nido hay resorts de lujo a 500 dólares americanos la noche, en El Nido se pueden encontrar habitaciones dobles entre 10 y 30 euros la noche, que están muy bien. Modestas pero con todo lo necesario y con unas vistas que quitan el hipo. Esto era la vista desde el balcón de la habitación…

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    En El Nido está lleno de “agencias de viaje” y todas venden los mismos tours para ir a visitar las islas: A, B, C y D (solo se puede hacer uno por día). Los 3 primeros valen la pena si o si. Todos tienen los mismos precios y los barcos son similares. La única variación es que puedes alquilar un barco para ti solo o para el grupo que vaya. Los marineros, llegada la hora, preparan la comida. Todo está muy bien organizado. No lo recomiendo para personas que se mareen en el mar, que no sepan nada o que les de el miedo el mar, porque a veces cuando vas por mar abierto se pillan olas fuertes y hasta los marineros ponen cara de susto… Para el tour A recomiendo alquilar también un kayak (que lo ponen encima del barco) porque vale la pena explorar algunos de los sitios donde se para. También hay que llevar una bolsa impermeable, cámara acuática y zapatos para el agua.

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    Estas fotos son de los diferentes tours.

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    El Nido está lleno de bares para cenar o desayunar (porque casi todo el mundo come en alguna de las islas) que ofrecen wi-fi gratis. Los passwords tienen su gracia: “I really dont know”, “mango tart”, “Singapore Sling”… Eso si, hay que ir con la calma, porque en el momento en que haces tu pedido, entonces se ponen a cocinar. Quiero decir que si piden pasta con almejas, hacen la pasta fresca, cuecen las almejas, cuecen la pasta, y luego lo cocinan… O sea que mínimo esperas 30-45 minutos antes de que te sirvan cualquier plato. Si pides un bocadillo hornean el pan..yo solo aviso…. Esta el Art Café, el Squidos… Cenar son unos 300-500 pesos, las cervezas entre 40 y 70 pesos. El vino es caro.
    Para tomar algo por la noche y escuchar música en directo, huir de los bares de la playa si quereis algo autentico y preguntar por el BalayTubay…
    Y finalmente, vale la pena coger uno de los triciclos e ir a ver la puesta de sol a Coron-Coron porque desde El Nido no se puede ver el sol ponerse sobre el mar. De allí sale también la furgoneta o los autobuses para volver a Puerto Princesa.

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    Este ha sido el relato del viaje a la última frontera. La vuelta a Singapur, sin contar la anulación de vuelos y demás, fue especialmente difícil porque es imposible quitarte el sonido y el color del mar de Filipinas del alma.

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