Birmingham

Recorriendo UK – Edimburgo

No te voy a explicar lo que ha hecho la Queen en la celebración de su jubileo de platino este fin de semana de 4 días porque ya lo habrás visto en televisiones y periódicos a tutiplén. A mí me fascinó el paseo de su holograma en la carroza de oro y el vestido verde loro del último día. Pero eso ya cada uno que se quede con su momento histórico.

Yo me fui a Edimburgo, que aquí pronuncian Edinbro, y me ha encantao, así, sin “d”. Y eso que la ciudad estaba a reventar de turistas.

La primera impresión es que los escoceses se pasan a la Queen y a la familia real inglesa por el forro del tartán. Ni una banderita, ni un escaparate, nada de nada. Supongo que se explica por el mapa que me envió un amigo que es de la ciudad en el que se puede ver que, entre los escoceses, y los galeses por cierto, menos de un 25% apoya a la familia real. Eso sí, para compensar nos recomendó un super restaurante/pub que se llama Café Royal.

El centro de Edimburgo está dividido entre lo que llaman la ciudad antigua y la ciudad nueva (patrimonio de la humanidad desde 1995), y los jardines de Princess Street son la línea que las separa. En la parte nueva están todas las tiendas típicas, la mayoría de las oficinas, los centros comerciales, los restaurantes más chic… Es aquí también donde ha crecido la ciudad hacia el mar, hacia el fiordo del rio Forth, anexionando el antiguo pueblecito pesquero de Leith que ahora es el puerto de Edimburgo. La ciudad antigua medieval, está elevada y se puede ver en uno de sus extremos el castillo, encaramado a una roca de origen volcánico. Las mejores vistas, claro, son desde la ciudad nueva.

El eje central de la ciudad antigua es la Royal Mile, que la recorre de extremo a extremo, y en el centro está la catedral de Saint Gilles, que es el patrón de la ciudad, y que se distingue porque su cúpula tiene forma de corona. Para no ser muy monárquicos…

Toda la Royal Mile, está plagada a ambos lados de callejones, que llaman “close”, que la conectan con la parte nueva y con las calles inferiores. Porque en Edimburgo subes y bajas, escaleras y cuestas, como si no hubiera un mañana. Dan ganas de recorrerlos todos, aunque algunos solo llevan a los cubos de basura…

Al segundo día de llegar primero paseamos por el Union Canal que no es nada turístico, pero es muy chulo y me recordaba un poco a Birmingham.

Luego visitamos Dean Village, que es un barrio lleno de casitas históricas alrededor de un riachuelo que se llama “Water of Leith” porque desemboca allí.

Y entonces se nos fue la pinza y decidimos seguir el recorrido hasta el mar, hasta Leith. Unos 6 kilometrillos de nada…

Leith es ahora un barrio de Edimburgo, pero sigue teniendo el encanto de un pueblecito pesquero y como hacia solazo pues no pusimos a andar para ir a visitar el yate real, el Britannia, que esta allí anclado desde que la Queen decidió que era muy costoso y ahora es una especie de museo. Pero, oh sorpresa, nos encontramos con la Princesa Ana, la hija de la Queen, que en su papel de contralmirante de la Royal Navy venia a inspeccionar un barco militar. Y además de sus cargos en la marina debe ser amiga de Speedy González porque a la 1 del mediodía estaba en Londres en la misa del jubileo en la Catedral de Saint Patrick y antes de las 4 ¡se plantó en Leith!

Por la tarde tocó visita al monumento a Nelson, que esta en una colina de la ciudad nueva. Tiene también magnificas vistas de la parte antigua y de uno de mis edificios preferidos. Uno que aún está en construcción en la ciudad nueva y tiene una especie de espiral acabada en pirulí. Allí también vi un nuevo concepto de guía turística, el cab-arette, que usando un juego de palabras viene a ser una dominatrix que te lleva en taxi por la ciudad. Quizás la próxima vez.

Y antes de dormir, el colofón. En el barrio de Grassmarket me encontré a mi propia Queen que había salido de fiesta con su corgi y toda su guardia real.

El sábado nos hicimos los locales y nos plantamos en uno de esos festivales que tanto gustan a los británicos, con música, comida y tiendecillas. Un símbolo real abandonado, un par de adquisiciones en los brocantes para mi colección, un perro con cascos anti-ruido, y un stand pro-Europa.  

Luego la visita obligada al Museo Nacional que vale mucho la pena, y al cementerio Greyfriar donde las sábanas de tienden sobre las tumbas.

Para acabar, aprovechando el super día de sol y que no se hace de noche hasta las 11, subimos a Artur’s Seat. Un grupo de colinas que se elevan mas de 250 metros sobre la ciudad. El nombre podría venir de las leyendas del Rey Arturo pero también derivar de la palabra “archer” o arquero, porque era uno de los puntos de defensa de la ciudad. Más vistas.

Y como colofón del finde, visita al castillo que domina la ciudad y que ya se prepara para el famoso Festival de Edimburgo que empieza en menos de dos meses.

Lo dicho, me ha encantao. ¡Volveré!

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