Birmania,  Singapur

Mingalabar! Sonrisas, polvo, escupitajos, perros, budas, y templos, muchos templos

(Aviso para navegantes, y para los que no lo son. Este post es largo. Dos semanas en Burma dan para mucho, y más que me guardo para cuando nos veamos)

Estas han sido unas navidades diferentes en muchos sentidos. Hacia muchos años que no las pasaba lejos de la familia y lejos de todo. Y ya puestos a estar lejos de casa me he ido a viajar por Burma con unos amigos y una mochila. La mochila pesaba, los amigos aligeraban.

Burma es un país increíble, que aun parece anclado en el tiempo aunque está cogiendo con cierta rapidez velocidad de crucero respecto al turismo. Ahora se conoce como Myanmar pero la mayoría de la gente sigue hablando de Burma muy a pesar del gobierno. Este año creo que estaba de moda entre los italianos por la cantidad que encontramos en el camino. Las infraestructuras son escasas y un poco deficitarias y los precios están un tanto inflados respecto a sus vecinos Tailandia, Vietnam o Camboya, pero se compensa con la amabilidad y frescura de la gente, los increíbles lugares y el que aun puedas sentir una cierta sensación de explorar un país sin formar parte de un grupo de turistas en plan borrego.

La idea era simple. Llegada y encuentro en Yangon, la antigua capital y la ciudad más grande del país. Salir de allí en cuanto estuviéramos todos ya que llegábamos de diferentes puntos. Ir hasta Mandalay en el norte, un par de días en Monywa camino al increíble Bagan y acabar en el mágico lago Inle. Todo en transporte público y buscándonos la vida con dos semanas por delante.

Para que tengas una idea de las decisiones, voy dar una pincelada de mis fantásticos compañeros de viaje (los nombres son ficticios en plan novela negra y los motes corresponden a bromas internas del viaje):
– Magic Parry, tiene pánico a los aviones y es el principal responsable de que nos recorriéramos el país en bus. Todo le parece bien o eso parece porque como no se queja…
– Proyecto G: se marea en barco y odia conducir moto. Gran fotógrafa, habla hasta con los mosquitos. Se apunta a dos bombardeos. Alma gemela.
– Zipi y Zape: no se parecen nada a los gemelos de Escobar sino todo lo contrario, pero el mote les viene al pelo, jajajajajaja Me he contado un chiste a mí misma, que tontería, jajajaja (Nota del autor: son calvos como dos bolas de billar). Zipi se vino al viaje sin dinero y con una tarjeta que no funcionaba en los cajeros y se justificó diciendo que la verdadera Burma solo se podía conocer gastando 2 dólares por comida. Eso si, las fotos las hacía con un iphone 6 último modelo y vestido con ropa de marca. Zape se tuvo que adaptar a vivir la vida real de Myanmar mientras intentaba hacer fotos a todo cuanto se movía con una súper cámara también último modelo.
Zipi y Zape iban y venían pero Magic Parry y Proyecto G estuvieron todo el camino, y también se unieron otros a los que conocimos entre risas y templos.

Empecemos por Yangon. Puestos a elegir hotel que sea en el centro, downtown, pero no Beautyland II, no, no y no. Lo eligió Magic Parry y se lo tuvo que oír todo el viaje. Los hoteles en Burma vale la pena reservarlos con tiempo antes de llegar porque hay pocos, son caros para la media del sudeste asiático (unos 40USD) y hay alguno, como el mencionado que dejan mucho que desear. Según Proyecto G fue un buen hotel porque allí conocimos a viajeros que luego nos fuimos encontrando por el camino y con los que celebramos Año Nuevo, pero claaaaaro, conocimos gente porque todo el mundo estaba en la puerta del hotel tomando cervezas porque no había coj… de estar dentro!!
Para moverse por Yangon lo mejor es coger taxi que vayas donde vayas (menos el aeropuerto) valen 2USD. Y siempre hay que decir Mingalabar! Que quiere decir hola, buenos días, buenas tardes, buenas noches, que tal como estas y ola ke ase! La primera vez que lo oí, en el taxi del aeropuerto al cacahotel pensé que nunca se me iba a olvidar, es tan sencillo como pensar en “lávate los bajos” en idioma hispano-arapajoe! Minga lava!

Yangon en día y medio dio para: visitar un fantástico night club llamado Mojo (frente al hotel Savoy), una visita al mercado Scott (precioso edificio y paraíso de las compras en plan bazar), una cena en la calle 19 en plena Chinatown (muchos “restaurantes” en la calle con barbacoa de pescado), atardecer en la pagoda Shwedagon (mas llena de turistas que las ramblas en verano) y lo mejor de todo, una mañana en el tren circular. El tren circular, como su nombre indica, da toda la vuelta a Yangon pasando por todos sus suburbios. Vale solo 0,20 céntimos de dólar. Vimos que de repente todo el mundo bajaba en un mercado en medio de las vías del tren y como donde va Vicente va la gente… Durante un par de horas fuimos la atracción del lugar. Nos hicieron fotos, se descojonaron de nosotros y nosotros nos inflamos a hacer fotos y a reírnos también. Teníamos una misión, encontrar tanaka que es como una crema que llevan casi todas las mujeres en la cara y también los niños que protege del sol y suponemos que también debe ser buena para la piel. Buscábamos un potecito o algo similar y aquí el descojono de la población local ya fue general. Resulta que la tanaka es un tronco, si, un tronco de madera, que rascan contra una plataforma de piedra, añaden agua y se lo aplican con los dedos. Más tarde incluso llegamos a ver que hay diferentes calidades de tronco y de plataformas. Todo un mundo esta tanaka.

La pagoda. Mi figura preferida (bebiendo y fumando). Mujeres lavando un budha.
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Una mujer preparando tanaka en el mercado. Niños con tanaka en la cara. El mercado alrededor de las vías del tren.

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Salimos de Yangon hacia Mandalay en un bus que nos costó 18USD en el que éramos los únicos no locales y gracias a eso nos dieron mandarinas, nos sentaron a los bebés en la falda y nos sonreían cada vez que pasaban a nuestro lado. Eso durante más de 10 horas. Pero debo decir que no estuvo mal. El bus solo paró media hora para comer y luego hizo dos pausas como de minuto y medio en que la gente salía del bus y allí mismo, pero allí mismo, se acuclillaban y hacían lo que tuvieran que hacer. En Burma hombres y mujeres llevan falda, el longyi, con lo cual no hay necesidad de nada más. No hicimos fotos por pudor, pero es un espectáculo.
Llegamos a Mandalay sobre las 6 de la tarde. La estación de buses es un verdadero caos y hay que pelease para poder salir de allí. Tuvimos que ceder y dejar que una moto con cabinilla nos llevara a los 5 al hotel. Por fin, gran hotel, muy recomendable: Moe Thee. Preguntar por Hlaing Soe Oo y por Ye Win Liwn, son geniales como todos los del hotel y te ayuden en todo con la mejor de las sonrisas. Ventaja, el hotel es un edificio alto y fácil de localizar. Porque Mandalay es grande y llena de polvo, como casi todo Burma. Y hay en el ambiente una brumilla de tierra que hace que te desorientes rápido. Después de limpiarnos el polvo del camino, literalmente, nos fuimos a cenar a un sitio que nos recomendaron en el hotel y que yo también recomiendo: Aye-Myit-Tar. Por 8USD nos dieron comida para un regimiento y cerveza para ahogar a un gato.
La comida de Burma es, bueno, no estoy segura que haya una comida de Burma porque en todas partes hay comida china y tailandesa y solo pone especifico de Burma en algunos currys. La verdad es que este apartado no es uno de los fuertes del país.
Mandalay en dos días: el primer día alquilamos por 40USD un coche. Hay un montón de templos y sitios que ver en la ciudad. Empezamos por el palacio real que no está mal pero solo te dejan visitar un 5% del recinto. Luego fuimos a Kuthodaw Pagoda, un sitio increíble donde se dice esta el mayor libro del mundo ya que está plagado de pequeñas pagodas con una placa de mármol dentro con una parte del texto. Recomendable ir a sentarse con un libro bajo cualquiera de sus enormes arboles. De allí al Shwe Kyaung Monastery, un monasterio todo de madera pero que no vale mucho la pena. Descanso en el River View hotel con una increíble vista desde su piso superior del rio y las montañas y a ver el atardecer a Mandalay Hill. Esta es visita obligada, pero a mí no me gustó mucho. El día era especialmente malo para ver la puesta de sol porque como casi siempre están quemando hojas en los alrededores y eso junto a las nubes solo te dejaba ver un campo de golf en construcción justo al lado del rio… y encima allí también estaban todos los turistas reunidos Geyper. Acabamos la noche en el espectáculo de los Moustache Brothers, toda una institución en Mandalay y en Burma. Eran 3 hermanos (ya solo quedan dos) cómicos que han sufrido todo tipo de censura y represión en el país. Ahora solo actúan para extranjeros en una pequeña sala a pie de calle, vale 10USD, no entiendes la mitad de los chistes, pero da una idea de lo que es, ha sido y perdura en el país.

Palacio Imperial. Templo Kuthodaw. Estudiando en el templo.

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Monjes al atardecer en Mandalay Hill

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El segundo día el despertador sonó a las 4.45…aaaarrrggg. Amanecer en el puente U Bein. Imprescindible. Un larguísimo puente de madera que parece que se va a romper si soplas un poco fuerte por donde pasan los locales y monjes a cientos a primera hora de la mañana y que atraviesa un lago lleno de barcas de pescadores. Un paraíso para los fotógrafos y un frio que pela hasta que por fin el sol se levanta un poco. Realmente precioso amanecer. Vuelta al hotel para desayunar y recuperar el calor y nos vamos al muelle que está en la calle 26 con la 90. Se supone que hay barcos que te llevan a Mingun, pero todo está organizado para que los guiris alquilemos un barco para nosotros solitos por 35USD. En la mayoría de los sitios “turísticos” los precios están apañados y hay un montón de tejemanejes entre los locales. Yo creo que el del barco se lleva 20USD y los restantes se reparten entre todos los que están por allí pululando a la caza del turista. La verdad es que en Burma poca gente viaja de forma independiente, casi todo el mundo tiene contratados tours que les llevan y les traen y les arreglan la vida. Con lo cual si quieres ir un poco más por libre, sale más barato pero cuesta tiempo, negociación y mucha paciencia. Se tarda como una hora por el rio y es un viaje tranquilo al solecillo, aunque Proyecto estaba blanca como el papel. En Mingun, al otro lado del rio arriba, hay varias pagodas desperdigadas y una arriba de la montaña, pero la más chula es la Unfinished Pagoda, o sea la Pagado a medio terminar, que básicamente está medio derruida. Se puede subir, según reza un cartel, bajo tu propia responsabilidad hasta arriba, y las vistas son impresionantes. Los mejor los dos gigantescos culos de elefante sin cabeza que están justo delante. Se ponen a la entrada de las pagodas para que las protejan. Para subir a la de la montaña se puede alquilar una especia de moto con vagoneta que te deja a medio camino. Todo el camino, está plagado de miles de estatuas de buda en todas sus posturas.
En Burma hay budas por todas partes, a cientos, a miles, a millones. Dentro de cada pequeña pagoda, en cada esquina…
Al volver a Mandalay por fin logramos el sueño de Magic Parry, pillar una pick up de un local que por 3USD nos lleva a Shew in Bin Kyaung, otro monasterio hecho todo de madera muy chulo pero un poco decepcionante porque está en plenas obras de reconstrucción y no muy visible. Pero el camino andando de allí hasta el hotel es lo mejor, comemos polvo como para construir una cantera, pero cruzamos el “verdadero” Mandalay e incluso nos atrevemos a comer en un puestecillo en la calle a riesgo de acabar allí el viaje.
Ui, pero si hoy es 24, cena de Nochebuena… Imposible comunicar con la familia. La conexión a internet en Burma deja mucho que desear y los teléfonos no funcionan demasiado bien todavía. Pues para consolarse nos vamos a cenar unas gambas a la plancha por 10USD a un restaurante cerca del palacio real. No hay jamón ni turrones ni pavo ni discurso del rey, pero sabe a Nochebuena igual.

Puente U Bein al amanecer, lleno de gente y de monjes.

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En los alrededores de la unfinished pagoda. Ducha colectiva. El culo del elefante. Un monje y una serpiente. Cientos de budas.

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Paramos a comer al volver de Mingun. Atención a la postura del amigo. Y atención a la porquería en los canales…

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A la mañana siguiente salimos hacia Monywa en el norte. Así es como se escribe, pero se pronuncia algo así como mon chua, con lo cual nos costó bastante que nos entendieran en la estación de buses. Pero finalmente conseguimos un bus que nos llevo hasta allí por 2USD y solo tardamos 4 horas. Una de ellas empleada a recoger a todo hijo de vecino a las afueras de Mandalay. Nchtssss, no podían ir a la estación como todos los demás! Ui calla, que como no han ido a la estación no tienen asiento. Como por arte de magia aparecen unos taburetillos tamaño gnomo que se ponen en el pasillo del bus. Vengaaaa, que ahora si que estamos hasta los topes!

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Llegamos a Monywa el día de Navidad sobre la 1.30 del mediodía. Y nuestra comida de Navidad fueron unos fideos un poco guarrillos y una cerveza, marca Myanmar por supuesto. Se hace tarde pero después de negociar, por 10USD un pequeño rickshaw nos lleva a los 5 a visitar Bodhi Tataung que está a unos 45 minutos y se supone que es donde está la estatua de Buda erguido más grande del mundo. Pero no acaban ahí los records, también está el Buda recostado más grande del mundo y dicen que en los alrededores hay 500.000 estatuas de buda. Yo creo que se les fue un poco la pinza al contar porque si que es verdad que hay muchísimas, pero o hay algunas que no se ven tamaño pulga, o los números no salen. El sitio es impresionante y está lleno de turistas locales que van allí a rezar y muy pocos guiris. Vemos el atardecer sobre la estupa del complejo. Precioso. No sé porque pero el paisaje me recuerda a África, a la extensa sabana africana. Curioso porque otros lugares de Burma en los que también se te pierde la vista, me recordaban a los montes de Málaga…

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Al volver al hotel, el Chindwin (que es el nombre del rio que atraviesa la ciudad), justo delante teníamos el mercado nocturno. 4 paraditas y media con comida refrita y bragas y mantas de todos los colores. Innecesario. El hotel, aceptable aunque el personal no era muy simpático y siempre nos inflaban los precios.
Monywa es de las ciudades más al norte del país que se permiten visitar sin necesidad de permisos especiales. Para ir más allá hay que solicitar al gobierno unos pases y tardan varias semanas en dártelo. El norte sigue controlado por los militares y los ‘rebeldes”. Por esta razón vimos poquísimos guiris, un par en realidad, el tiempo que estuvimos en la zona.
El segundo día en Monywa alquilamos por 20USD un rickshaw para ir a ver el buddha cave niche complex o Hpo Win Daung, como te resulte más fácil… A la ida tardamos unas dos horas y a la vuelta 1,5, misterios de la conducción temeraria. Solo nos cruzamos con unos turistas no locales que iban en un jeep y que nos miraron con cara de pena y nos hicieron fotos, les debimos parecer muy pintorescos. Yo no sé qué pinta teníamos en aquella enanez a 20 por hora, pero si puedo asegurar que mi culo aun se acuerda…

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La guía describía el complejo como una mezcla de Petra y Disneyland, y un poco de razón tenía. Es un enorme complejo llena de cuevas escarbadas en la montaña con estatuas de buda de todos los colores y formas y con varios frescos que aún se conservan bastante bien. Están numeradas y son unas 500. Te sientes un poco Indiana Jones trepando por los montes y descubriendo cuevas, aunque hay un poco de trampilla porque una lugareña nos guiaba discretamente. Así se sacan una propinilla.

Estas erasn las cuevas y una local fumando…un algo.

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A la vuelta paramos antes de llegar al hotel en Pleasure Island, el mejor restaurante de la ciudad. Precios altos, pero lugar idílico en el rio. Preciosa puesta de sol.

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En Monywa, no sabemos porque, mucha gente iba vestida en pijama. Aqui ensayando en el cole.

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También había perros por todas partes. Se paran donde les apetece y las motos y coches tiene que esquivarlos. Ah, y un precioso gatito!

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A la mañana siguiente cogimos un mini-bus furgoneta a Bagan con enormes expectativas de ver la antigua capital del reino Pagan. Al ir a comprar los billetes vi que todo el mundo daba su nombre. Le pregunte al tipo y me dijo, naaah, no hace falta. Nuestros billetes eran: turista 1, turista 2 y turista 3, solucionado. Y al preguntar cuánto tardaríamos en llegar, me enseñó 4 dedos y me dijo 2 horas. Total, a sentarse y a esperar…
Pues ni lo uno ni lo otro, tardamos unas 5 horas, pero el viaje no se hizo demasiado pesado. Nos dejaron en Nyaung U que es el pueblo más grande de la zona y donde está también el aeropuerto. De allí teníamos que ir hacia el nuevo Bagan que es donde se ha trasladado toda la actividad de lo que se conoce como viejo Bagan (esta parte antigua sigue dentro de las murallas y allí quedan algunos resorts, templos y un museo. La mayoría de hoteles, restaurantes y demás están en Nyaung o en nuevo Bagan, y los templos están entre los dos puntos).
Nada más llegar enseguida vimos que aquello era diferente, nos cruzamos con muchos, pero muchos turistas en bici, motoreta, rickshaw, carro de caballos. Tiendecitas por todas partes y templos, cientos de templos. Magic Parry tuvo una idea, había que llegar hasta nuestro hotel, a unos 6 kilómetros, en bus local. Aaaaarrrgggg, que la mochila pesa cada vez más con la cantidad de polvo que arrastramos. Pero he de decir en su favor, que tuvo una buena idea. Nos apiñamos, aun no sé como en un bus (por decir algo) local y por 1USD llegamos casi hasta nuestro destino. Pero lo mejor es que al ir rodeados y amontonados, literalmente, entre locales, no nos pararon al cruzar el viejo Bagan y nos ahorramos pagar los 10USD que es un impuesto del gobierno. Ale, ya teníamos mas para cerveza! Zipi y Zape que llegaron el día anterior casi nos asesinan con la mirada cuando se enteraron…. Ellos pagaron 10USD por el transporte y otros 10USD de peaje de entrada, la verdadera Burma….

Proyecto G simpatizando con la gente local.

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Nos falto tiempo para pillar una e-moto (las motos eléctricas son las únicas que pueden alquilar los turistas y la verdad es que van genial) en un puesto delante del hotel. Nuestro hotel era el Central Bagan, bastante bien, pero como la mayoría que están en nuevo Bagan, hay muchos en la zona. Lo importante es que estén bien localizados como el nuestro. El chiringuito de las motos se llama Cherry, y el “boss” del chiringuito Ko Mg Htay. Dile que vas de mi parte. Descuento no te va a hacer, pero te ríes mucho con él cuando le entiendes y te saluda con una sonrisa cada vez que pasas delante. Los precios de las motos son los mismos en todas partes (7USD por día), por lo tanto, mejor elegir uno con gente simpática!
Nos fuimos a ver la puesta de sol. Todo el mundo recomienda ir a verla a Pyathada Paya, el templo más alto al que se puede subir, pero yo no lo recomiendo para nada a menos que quieras compartir las vistas con miles de turistas.

Si te fijas bien todos los puntitos son personitas. Viva la intimidad!

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Es mucho mejor perderse por loscaminitos y encontrar un templo propio aunque no sea tan alto. Solo, solo, es difícil estar, pero en el nuestro solo éramos 10 personas. En los más populares, te echan en cuanto se ha puesto el sol, o sea que no te dejan ver ni fotografiar la pink hour, ese momento justo después de la puesta en la que el cielo se pone color de rosa. A los templos se entra descalzo (hay que llevar toallitas o algo a riesgo de acumular tanta porquería en los pies que no te puedes volver a calzar) y casi todo el mundo deja en la puerta el calzado, mayoría de chancletas. Yo en el primer templo me las quedé en la mano y un guía que hablaba español me dijo, eeehhh, que no te vamos a robar. Cuando me cambié al templo de al lado para tener mejor perspectiva, las dejé fuera y al salir….ya no estaban….
Volvimos por los caminos de tierra ya a oscuras y a Proyecto G casi le da un soponcio. Demasiado en el mismo día, moto ella solita, de noche y sin luces. A mí me pareció lo más!

Primer puesta de sol.

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Los dos siguientes días los pasamos visitando los cientos de templos que salpican Bagan. Es una visión bastante increíble y se corre el riesgo de quedarse con la boca abierta hasta que se te llena de moscas. No hace falta seguir ninguna guía, ninguna indicación, ninguna sugerencia. Lo mejor es dejarse llevar por los caminos de tierra y arena y descubrir uno mismo. Eso si, hay que llevar agua y un sombrero porque Lorenzo pica que da gusto. Y ver el atardecer en un templo que hayas descubierto, o eso te piensas, no tiene precio. Pero si recomiendo, para contradecirme a mi misma que mola mucho, ir a ver el templo llamado Leimyethna Pahto. No hace falta que te acuerdes del nombre. Es fácil de encontrar. Está un poco a desmano del resto, pero es el único templo blanco que se ve en el horizonte. Y de paso visitas la pagoda dorada que está cerca, y Pyathada Paya que parece un fuerte desde el piso de arriba, Sulamani, y Manuha, y Ananda Pahto que parece que entras en bucle, y…

Templos en Bagan. Un modo alternativo de transporte. La pink hour sobre Bagan.

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Algo que nosotros no pudimos hacer y que nos quedamos con las ganas (por no reservarlo con antelación), es planear sobre Bagan en globo. En un intento fallido nos levantamos a las 5 de la mañana y fuimos hasta la explanada desde donde salen por si hubiese alguna cancelación. Ingenuos… Al menos nos invitaron a café, y vimos como se hinchaban los globos y se elevaban por encima de nosotros. Tuvimos ganas de hacerle la zancadilla a unos cuantos y ocupar su puesto, pero en vez de eso salimos pitando hacia el templo Buledi para ver el amanecer con los globos de fondo. Otra vez la boca abierta, otra vez llena de moscas.

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También hicimos un pequeño crucero por el rio para ir a un templo abandonado. Pero lo mejor fue el camino, no el objetivo, como casi todo en la vida. Y en un arranque de pijerio impropio de nosotros, nos fuimos a tomar un café a un resort que esta “escondido” entre los templos, justo al lado de una torre de nueva construcción. El café nos costó más que el alquiler de la moto todo el día, pero las vistas desde la piscina con cascada compensaban. Bueno y también guiaron nuestra conversación mientras bebíamos muy, muy despacito el café, hacia lo injusta que es la vida y lo tontos que habíamos sido por no llevar bañador con nosotros.

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La piscina del resort…

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Una cosa curiosa que vimos por casualidad en nuestras idas y venidas por Bagan, fue el inicio de la ceremonia de iniciación a monjes de unos niños. Los pasean en carrozas o mulas o caballos, en función del dinero que tenga la familia, hasta el templo. Van vestidos, maquillados y adornados como niñas, y una lugareña me dijo que eso era la belleza. Algunos son realmente pequeños, porque aunque se supone que tienen que tener 10 años, si tienen algún hermano o familiar en la orden, también pueden empezar más pronto. No sé si me dio pena, alegría, o qué, pero en todo caso un sentimiento extraño de que, como en tantos otros casos, no podrán elegir como serán sus vidas, aunque entre sus sedas, lazos y encajes, se les viera contentos.

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El grupo musical que los seguía. Esto es una disco móvil de verdad!

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Y esto lo vimos en el pueblo. Un carricoches de toda la vida en plan casero.

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El ultimo día en Bagan no hubo atardecer ni amanecer, estaba todo nublado, y la verdad es que eso nos ayudó a irnos de allí. Te auto engañas, te dices que ya es hora de seguir camino, y te vas con las retinas empapadas de templos.
Siguiente parada Inle lake. El peor viaje en bus de mi vida conocida. Por comprar el billete tarde, cosas de la improvisación viajera, nos tocaron los últimos asientos. Yo no soy muy alta precisamente, pero lo de viajar durante 8 horas con las rodillas en las orejas, como que no se lo deseo a nadie. Magic Parry mide casi 2 metros, o eso me parece a mí, pero hizo de nuevo gala de su impasividad y ni siquiera cuando la pobre que teníamos al lado empezó a vomitar sin descanso en la ascensión a la montaña, se inmutó. Yo quería saltar por la ventana.
Llegamos a Inle el 31 de diciembre. Ya solo quedábamos 3. Zipi y Zape decidieron irse a pasar fin de año a Hong Kong. No voy a hacer comentarios. Bueno, solo si me tiras de la lengua!
El bus te deja en el pueblo cerca del lago, Nyaung Shwe y allí nos quedamos en un hotelito en el centro. Hay muchos parecidos. Todos correctos.
La zona del lago tiene un clima muy diferente, por la noche refresca hasta los 8-10 grados y…hay uvas, y viñedos y vino, que por cierto no estaba mal o por lo menos nos supo a gloria después de 10 días a base de cerveza, bueno, y agua también. Que mas podíamos pedir para fin de año? Pues encontrarnos en el pueblo con amigos que habíamos ido haciendo a lo largo del camino. Compramos uvas para todos, acabamos con las botellas de vino de uno de los “bares” del pueblo y a las 12 intente imitar un carrillón con un vaso y una cuchara de cerámica china que no llegó a la tercera campanada. Eso si, las risas, los abrazos y las promesas de amistad se alargaron un poco más. Gran fin de año, extraño, diferente, irrepetible e inolvidable.
Al día siguiente, había que dejar el hotel, pero la resaca se quedo con nosotros hasta la tarde, nos tenia cariño creo. Nos trasladamos en una canoa con motorcillo al lado y a nuestro nuevo hotel EN el lago, literalmente. Hay pocos hoteles que estén en el lago y son bastante más caros, pero vale la pena pasar por lo menos una noche allí. Hay una magia en el ambiente que justifica todo lo demás: el precio, el aislamiento, la dependencia. Nuestro hotel estaba sobre pilones y apartado de todo, en medio del agua, en medio de la nada. El Paramount, espectacular. Unos 100USD por noche.

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El atardecer…

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La primera vez que el lago se abre ante tus ojos es bastante alucinante, no por lo grande, que lo es, sino por la magia, por las montañas que lo rodean, por la vida que percibes alrededor.
Llegamos ya bastante tarde entre lo que nos costó levantarnos, desayunar (rápidos, rápidos no son) y encontrar un barco tras mucho negociar, por lo que no había mucho que hacer. Pero conseguimos que un pescador de pueblo de al lado no diese una vuelta en una canoa a remos por los cultivos, por las casas elevadas del pueblo, entre las plantas, entre el silencio. Hazlo, es lo mejor, navegar por el lago…

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El primer día en el lago contratamos el tour de rigor. Una barco a motor te recoge en el hotel (no hay otra manera de salir) y te lleva por todos los templos que hay en el lago, los talleres (el de las canoas, el herrero, el de las sombrillas de papel, el de las bufandas y pañuelos de seda, el…), y el mercado. La verdad es que el tour es un poco una trampa de turistas. Todos en plan borregos visitando los mismos sitios y sobre todo puestecillos, tiendas, mesas, llenas de souvenirs de todo tipo y color. Burma es un paraíso de las compras en ese sentido. Eso si, todo sigue teniendo un halo de autenticidad que se ha perdido en otras partes del sudeste asiático. Es difícil resistirse aunque hace años que no compro nada en los viajes. Siempre pienso que lo mismo se encuentra en todas parte. En Burma hay telas y artesanía de las tribus del norte que vale la pena, pero cuidado, luego hay que cargar con ello el resto del viaje.
El tour también a In Dein, un pueblo en tierra firme con un complejo de templos interesante, sobre todo por andar por tierra firme un rato.

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Los hombres están todo el rato mascando tabaco que lo envuelven en hojas. Aquí están preparándolo. Luego lo escupen por todas partes y es de color rojizo. Los templos están llenos de manchas de ese color, y los dientes que se les ven al sonreír ya te los puedes imaginar.

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Total, que no sé cómo hay que hacerlo para no visitar el lago en plan borrego, pero nosotros optamos por mirar fijamente a nuestro “conductor” cada vez que nos dejaba en unos de los talleres famosos, con cara de queremos irnos, no vamos a comprar y esto no nos interesa nada. Creo que lo entendió al final y nos llevo por caminos un poco diferentes, explorando el lago. Pero no hay mucha escapatoria. De todas formas, la magia siempre gana. La gente del lago lo hace especial. Solo imaginar cómo viven, rodeados de agua, cuando para ir a ver a tu vecino o a comprar el pan, necesitas una canoa, lo hace especial.
Yo tenía especial interés en ir al templo de los gatos saltarines, porque explican que los monjes les han enseñado a dar saltos y sortear obstáculos, pero aunque lo gatos estaban allí, los monjes estaban de retiro espiritual. Yo que quería entrenar a mushi, me quede con las ganas de aprender la técnica.
El ultimo día en el lago solo me quede mirándolo, nada más. Tenía un vuelo desde el cercano aeropuerto de Heho hacia Yangoon. Magic Parry y Proyecto G se quedaban una noche más. Al día siguiente volvía a Singapur, en dos días al trabajo.
Solo quería que la magia se quedase conmigo. Creo que lo he conseguido.

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Me han quedado muchas cosas por explicar, muchas anécdotas para recordar, muchas curiosidades y bellezas por describir, así que ves a Burma. Eso si, ni se te ocurra en los meses de verano, que es época de lluvias. Una de las cosas que mas recuerdo del país es un polvo permanente de las calles de tierra que con lluvia se convierten en fango… Ademas la zona de playas, que parece ser que es paradisíaca, cierra.

3 Comentarios

  • Julián

    Una gran aventura Amiga mia. Las aventuras no las hace el destino, las hacen los viajeros. Si sumamos un destino como Burma más una intrepida y valiente como tú tenemos un viaje inolvidable, lleno de buenos momentos y seguro que un poco de tensión también ; ).

    Muchas gracias por compartirlo con nosotros con tan buen humor. Por cierto se hizo corto y no te mojaste mucho ja ja ja .

  • Gaspar

    Quina sense fi de desplaçaments, monjos, monestirs, paisatges, albes i sensacions exòtiques. Sensacional Norma. Un petonàs.

  • Ali

    Hola Norma, que fantástico relato!! Y las fotos….preciosas. Un beso enorme, gracias por trasladarme a este lugar durante un ratillo..Besos!!

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