Malaysia,  Singapur

Langkawi, la joya maldita de Kedah

En mis ansias de escapar de Singapur antes de que me dé la claustrofobia, me fui hace dos semanas a Langkawi, en la costa oeste de Malaysia. Ya debería haber aprendido que hay dos temporadas bien definidas para las costas de Malaysia. De octubre a marzo hay que ir a la costa oeste, y de abril a septiembre a la este porque si no te pilla el monzón. Bueno, pues, ¡se me olvidó! Los billetes no eran caros (con Tiger Airways) y además me permitían salir el viernes por la tarde y volver el domingo no muy tarde, total que no me lo pensé dos veces. Y claro, tuve suerte porque no llovió, pero el sol brilló por su ausencia y el agua más que azul era marronosa tirando a revuelta. Pero no importa, Langkawi vale la pena.

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Es un archipiélago con 104 islas en el mar de Adaman que está separado de la Malaysia continental por los estrechos de Malaca. ¿Te acuerdas de las historias de Sandokan? Se consideraba un territorio maldito hasta que en 1986 decidieron convertirlo en un paraíso turístico. No todas las islas están habitadas, en realidad casi ninguna. La principal es Pulau Langkawi y es una isla duty-free, o sea como una tienda del aeropuerto pero con playas. Se la conoce como la joya de Kedah, pero su nombre literal tiene otro significado mucho más bonito. El taxista camino al hotel me dijo que Lang era águila y Kawi piedra, osease águila fuerte en una traducción libre. Pero creo que ese taxista no era de allí, porque luego me he enterado que Kawi significa marrón rojizo, y eso si que tiene sentido, porque la isla está llena de águilas de ese color por todas partes.Esta estatuta es un reclamo para las fotos…

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El hotel estaba en la parte sureste de la isla, una zona en la que no hay nada a menos que quieras comprar en las tiendas duty-free, o sea un poco horror. Además nuestro hotel parecía el de la película el Resplandor. Largos pasillos con infinidad de puertas a cada lado. Te esperabas que salieran las gemelas (y no me refiero a las infantas) de un momento a otro en cualquier esquina. También estaba lleno de lo que aquí se denominan “ninjas”: mujeres normalmente de Arabia Saudí a las que solo ves los ojos tras sus largos vestidos negros y que en la cabeza llevan algo parecido a un burka que se sostiene con un lazo detrás. Vamos, como los ninjas de las películas. Es curioso verlas comer…
Lo bueno es que teníamos una especie de apartamento sobre el mar con una terraza que valía mucho la pena.

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Una de las cosas que veíamos era este hotel estilo Blancanieves. Sin comentarios.

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Para alquilar una moto en Malaysia tienes que tener el carnet de conducir en estado de perfecta revista, no es como en Tailandia que te la alquilan con el carnet de la biblioteca de tu pueblo de veraneo, o sea que tiramos de transporte público, entiéndase taxi.
Hay bastantes cosas por visitar en la isla, aunque es pequeña, y el primer día se imponía el crucero en barquichuela por los manglares que están al norte de la isla. Antes fuimos a dar una vuelta por una playa que está justo antes con la esperanza de darnos un baño, pero la verdad es que acabamos tomando una cervecitas al borde del agua.Eso si, los locales sin miedo.

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Por fin, wifi! Es lo que se llama un momento Singaporean.

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De allí fuimos al embarcadero, llamado jetty en ingles. Palabra que pronuncié varias veces durante el fin de semana a lo que uno de mis amigos siempre respondía imitando física y guturalmente al hombre de las nieves. Mira, cada cual se divierte como puede, ¿no?
Como era temporada baja no había muchísima gente, pero está todo tan preparado, (es un decir) que en temporada alta circular con los barquitos debe ser como jugar al tetris.

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Por el camino te paran a ver a los monos, que son un poco mamonazos y te roban lo que pillen como te descuides, a dar de comer a las águilas que es espectacular y también a visitar una especie de piscifactoría que en realidad son 4 charcas con 4 peces pero con un restaurante flotante al lado que es donde se supone que te tienes que gastar la pasta.

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Las águilas

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Es un paseo en barco que dura unas dos horas y que vale mucho la pena. Aquí casi me alegre que no hiciera sol porque hubiese acabado marrón rojizo como las águilas…

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Al acabar nos dejaron en un playa justo en la desembocadura del manglar, y allí que me bañé. No se veía el fondo, bueno en realidad no me veía ni las manos pero el agua estaba limpia a pesar de lo turbia. Pero cuando empecé a notar cosas que me mordían los pies y solo me venían a la cabeza imágenes de las criaturas del libro “La piel fría” (pasa en una isla y te lo recomiendo) tuve que salir a toda pastilla del agua.
La playa era preciosa, pero debe serlo todavía más en temporada alta… Obviamente la segunda foto no es mia…

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Por la noche la isla se “muere”, la verdad es que no hay mucho que hacer. Un bar en la zona más movida que se llama “Sugar” vale la pena por la decoración y la vista y sonido del mar. Lo demás es una calle llena de bares y tiendas con luces de neón sin más interés.
El domingo el plan era “Island hopping”, o sea ir de isla en isla, que en realidad solo vas a 3, en un barco un poco más grande pero, oohh suerte la nuestra, con varias familias…
En la primera isla tocaba un bañito, y pasear un rato. Había una especie de resort abandonado, y la verdad es que el lugar era paradisiaco.

El jetty

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De camino a la segunda parada pasamos por la montana “mujer embarazada”. ¿Quién debe pasearse por estos parajes buscando formas en las montanas? Siempre me lo pregunto. A ver si la descubres…
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Y la siguiente parada era la “Batcueva”, ¡literal! La foto es mala porque no se podía usar flash, pero todos esos puntitos negros son vampiros, ay, quiero decir murciélagos. Mi amigo, el que imita al Yeti, sabe su ídioma¨ y hacer que se pongan todos a volar, pero le dio vergüenza. Lástima, hubiese sido la anécdota del viaje aunque seguro que acabamos en la cárcel…

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Lo último colmó mis expectativas… Un lago de agua dulce entre las montañas pintaba espectacular, y debió serlo antes de que lo descubrieran los turistas. Han montado unas especies de piscina para delimitar la zona de baño y estaban llenas de chinos, véase asiáticos, pegando gritos y saltando en plan kamikaze con los chalecos puestos. Una delicia. O sea que baño rápido para quitarse el calor y a seguir camino por un puentecillo sin importar a donde llevara.

El lago. La foto tampoco es mia…

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Las piscinas

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El camino para escapar

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Las vistas

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Y el fin de semana ya no dio para nada más. Pero queda pendiente una segunda visita para ver el puente del cielo durante la temporada alta y aprovechar para bañarse en las aguas turquesas de alguna de las playas de esta joya malaya.

El llamado puente del cielo

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4 Comentarios

  • Eva Garces Soler

    Que guay!!!! Cómo estás??? No te he dicho que yo voy a Malaysia en Agosto, no recuerdo a done voy porque lo ha organizado todo la hermana de Mario, ahora te reenvio el mail por si tienes alguna sugerencia Besitos Guapa Eva

  • Gracia

    Muy chulas las fotos, el mono… Todo… A mí lo que me interesa es ese «fuimos», «viajamos»… ¡Que no ibas sola, bandida! Es que siempre me ha gustado más el Hola que el National Geographic

  • LAURA C.

    Qué agradable siempre leerte Norma. Me encanta porque además de alguna manera viajo un poquito contigo. Un beso guapa!!

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