Malaysia,  Singapur

La fiebre del submarinismo: Tioman

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No se puede negar que bucear por los mares del sudeste asiático suena apetecible y exótico, pero no sé si eso llega a justificar la fiebre por el submarinismo que impera en Singapur. Hay cientos de centros y escuelas para conseguir el PADI, el titulo más reconocido a nivel mundial en el tema submarinismo, y cada fin de semana se organizan viajes a algún lugar para practicarlo, por tierra, mar y aire!

Yo tengo otra teoría… Creo que ya explique aquí, que a pesar de la cantidad de costa que tienen, los asiáticos, en general, no saben nadar. Las playas están llenas de ellos equipados con enormes flotadores y todo tipo de artilugios para poder desplazarse por el líquido elemento. Pues bien, yo creo que a los singapurenses y asiáticos en general les pirra tanto el submarinismo porque pueden meterse en el mar y hundirse sin ahogarse. Es una forma de bañarse dignamente. Es una teoría patillera, lo sé, pero la verdad es que encaja bastante!

Total, que yo que ya hacía años que tenía ganas de sacarme el titulo decidí dejarme arrastrar por la corriente y apuntarme al curso. Vale en todos sitios más o menos lo mismo. Unos 650 Singapore dollars que al cambio son unos 380 euros. Eso incluye las clases teóricas, y el viaje y el hotel para hacer las prácticas. Lo más típico desde Singapur es irse a hacer las inmersiones a la isla de Tioman, en Malaysia, un paraíso tipo la isla de parque jurasico que está aquí al lado!

Pues nada, un lunes de teoría patillera sentados en la tienda/escuela, un test y aprobada. Se pasan la clase recalcando las preguntas y respuestas del test, o sea que aunque no entiendas nada, si tienes buena memoria apruebas con matrícula de honor. Y el martes a la piscina! Como aquí las piscinas son muy poco hondas (por eso de que no se ahoguen), nos llevaron a una piscina donde juegan a waterpolo. Extasiada me quede mirando a los jugadores. Madre mía, que cuerpazos y que feos! Y en la piscina pues te enseñan 4 cosillas sobre el equipo, como sacarse las gafas de bucear bajo el agua (alucinante, no te puedes creer que eso sea tan fácil), qué hacer cuando te quedas sin aire (pues morirte, que va a ser!), como mantener la línea de flotación estable con la respiración (si es que no te da un ataque de pánico y respiras por la nariz con lo cual vuelves a la línea anterior y también te mueres)… En fin, eso, 4 cosillas. Sales de allí con la sensación que vas a morir seguro, que no estás nada preparado y que te acaban de soplar casi 400 euros… Pero eh, tan contenta!

Y al cabo de unos días, viernes por la tarde, concentración a la puerta de la tienda/escuela. A última hora intentan venderte alguna cosilla, porque aunque el equipo está incluido en el precio, aquí son muy quejosos, y eso de meterse en la boca un respirador de segunda mano, como que les parece asqueroso. Da igual que haya sido lavado un millón de veces. Total, que si resistes la tentación, a la furgoneta!  Como estamos en Ramadán no podemos salir hasta las 8, porque a las 7,15 es cuando pueden comer. Pues nada a esperar. Resultado: la salida de Singapur hacia Malaysia es un infierno. Más de 3 horas haciendo cola para pasar la frontera. Solo de pensar que hay gente que lo hace cada dia se me ponen los pelos de punta, madre mía, vaya follón, vaya caos…

Una vez pasada la frontera, el conductor pone la directa y vamos hacia Mersing a toda pastilla. De nuevo me invade la sensación de una muerte cercana, esta vez en una cuneta de Malaysia. Imposible conciliar el sueño, imposible todo, solo me puedo concentrar en mirar la carretera para estar despierta en el momento de mi muerte… Pasadas la 1 de la madrugada llegamos al hotel Timonel, lalala lalalita, como rima! A las 5 hay que levantarse para coger el ferry que va a Tioman. O sea que quedan 4 horas antes de empezar a bucear y ahogarse definitivamente por la falta de sueño.

Los caretos de los aguerridos buceadores son un poema a la mañana siguiente. En plan zombie entramos en el ferry. Dos horas de ruido ensordecedor y olor a gasolina. Pero de repente el ferry se para y aparece el paraíso! Una isla absolutamente cubierta de selva de agua transparente y con pequeñas cabañitas en las calas de arena fina. Yupeee, voy a morir en un lugar paradisiaco!

 

El sábado las inmersiones son un rollo. Tienes que volver a hacer todos los ejercicios, el traje de neopreno aprieta, el tanque de oxigeno pesa, el agua está mojada, tengo pis, tengo sed, quiero fumar, se me ha caído una aletaaaaaa!

Sales del agua arrastrándote, no te has ahogado pero casi que lo prefieres por no tener que cargar el equipo por toda la playa. Pero bueno, si en las películas los buceadores siempre se tiran de espaldas desde un barco! Que es esto de ir andando por la playa e ir hundiéndose poco a poco?

En fin, la barbacoa en la orilla del mar para cenar compensa los sinsabores. No está permitido emborracharse por si al día siguiente tienes resaca y te ahogas por fin. O sea que a dormir tempranito para recuperar algo de sueño.

 

Y al día siguiente…barco a la vista! Hoy toca alejarse de la orilla y bucear en mar abierto, se acabaron los ejercicios. Y como en las películas te tiras de espalda al agua aguantando las gafas y el respirador esperando que te recoja James Bond (el de ahora, eh?!) Dos inmersiones casi seguidas metiéndose por cuevas y túneles, persiguiendo tortugas y sintiéndote como en el interior de un acuario. Ya hay que salir? Que han sido, 15 minutos? El instructor con cara de hastío: noooo, 50!

 

Y se acabó, vuelta a esperar el ferry y a sufrir por la carretera. De vuelta en Singapur el domingo a las 11 de la noche con el título bajo el brazo (es un decir porque tardan dos meses en dártelo…) y una sonrisa que no se te borra en toda la semana. Nadie se ahogó, ni siquiera los singapurenses!

PS: las fotos bajo el agua otro dia que tardan dos semanas en revelarlas…

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